viernes, 17 de agosto de 2012

Día 41. Moviéndome por los pensamientos y la energía




Viendo que el punto del miedo a los demás y sus reacciones, va ligado a que al yo hacer las cosas, si no estoy segura de lo que hago o no sé si es “correcto” o no, veo que me escondo. Esto es porque me he permitido hacer cosas sin considerar todo, que hago algo y luego busco cómo arrepentirme, por crear conflicto a partir de participar en pensamientos.

Por ejemplo, en continuación del blog anterior cuando estaba quitándome el micropore, sin autorización del doctor sino por ideas de que sería mejor, cerré la puerta con tal de no ser vista, por temer a que se dieran cuenta de que estaba haciendo algo que me habían dicho que no hiciera. O sea que al yo no estar segura de lo que hacía, temía reconocer que lo que hacía no consideraba por ejemplo lo que dijo el doctor, entonces, quería seguir haciendo eso pero sabía que algo no era “correcto”. Y así, me escondía.

Bueno, tal cual, así veo que me he movido a mi misma a partir de los pensamientos, es decir, moviéndome por la energía que he creado, en muchos casos de preocupación, y no moviéndome como un movimiento en expresión como yo misma, y el resultado ha sido que he podido ver que me terminaba “escondiendo”, por no querer ser cuestionada.

También al ir ese día en la mañana a la oficina del doctor, tardé en llegar mucho tiempo, gasté dinero en ir y volver, y al llegar, me atendió en 3 minutos. Y basta, no hubo más charla. Porque también me habían sugerido que no fuera ese día sino unos más adelante, pero me empeñé en ir por querer ver cómo iba la recuperación, y por querer hablar con él acerca de cómo sentía.
Pero durante esos 3 minutos estuve sonriente, me di cuenta de que lo que hacía era tratar de ser amable, por estar participando en un personaje o una personalidad, donde lo que escuchaba no era lo que decía el doctor sino mis pensamientos y la creencia en una especie de energía, que tenía que dirigir yo donde tenía que hacer el ambiente amigable y donde mi cara combinara con los gestos del doctor para que yo quedara como una buena persona.

Luego en el retorno me di cuenta de lo absurdo, de que no pregunté nada de lo que quería por estar creyendo ese Chat mental, la pérdida de tiempo y dinero.

Me perdono a mi misma por aceptar y permitirme a mi misma crear miedo a las reacciones de los demás si saben que mis decisiones no han sido lo mejor para todos, sin ver que ese miedo refleja el hecho de que yo sé cuándo una decisión que tomo está teniendo en cuenta todo y cuándo no, y que temer las reacciones de otros es temer mis posibles reacciones al ver que mis decisiones no han sido aprobadas, y las reacciones que tengo son debidas al ego, en vez de aceptar que no han sido decisiones consideradas con todo por igual, y ver las soluciones que sí consideren todo.

Cuando y como me vea a mi misma escondiéndome de los demás tras tomar una decisión, paro y respiro. Me doy cuenta de que el esconderme significa que no estoy viviendo la decisión como yo misma por continuar un patrón de no querer tomar responsabilidad completa por lo que hago, sino por mantener la excusa de que tomé las decisiones a partir de los pensamientos, y con esto, diciendo que me dirigen y manejan. En cambio, reviso por qué me estoy escondiendo y qué me molesta de las decisiones que tomé, para corregirlo, y detener los patrones.

Me perdono a mi misma por aceptar y permitirme a mi misma esconderme de las personas por creer que así no voy a tener que enfrentar las consecuencias de lo que hago, en vez de ver que el esconderme de los demás muestra que ya me estoy escondiendo de mis decisiones y no queriendo enfrentarlas por temer que sean desafiadas, y temer ser regañada, por no permitirme ver que soy una e igual a los demás y que soy quien debe tomar las decisiones en mi vida, y tomar responsabilidad por ellas y dirigirlas, en vez de ser dirigida por el miedo, y luego esconderme de las decisiones.

Cuando y como me vea a mi misma escondiéndome de mis decisiones, paro y respiro. Me doy cuenta de que estoy temiendo enfrentarlas por temer que sean desafiadas. En cambio, me paro como una e igual a mis decisiones, y reviso cómo puedo volverme más eficaz en las decisiones que tome.

Me perdono a mi misma por aceptar y permitirme a mi misma temer las reacciones de los demás ante mis decisiones, en lugar de tomar las decisiones considerando todo, y por tanto ver que el temer las reacciones de otros es un miedo de ser desaprobada, que proviene de creer que si tomo decisiones inapropiadas, seré dejada de lado y no podré tomar autoridad sobre mi vida, sin ver que jamás he sido autora de mi vida. En cambio, me doy cuenta de que al tomar total responsabilidad por todo soy la autora de mi vida, en vez de esperar que los demás tengan autoridad sobre mí.

Me comprometo a mi misma a tomar responsabilidad por mis decisiones, y ser la autora de mi vida.
Me perdono a mi misma por aceptar y permitirme a mi misma temer reconocer que cuando esté haciendo mientras me escondo de los demás, sea debido a que no estoy tomando responsabilidad por mis decisiones. Me doy cuenta de que temer reconocer que no estoy actuando de manera eficaz, es por miedo a cambiar y a tomar responsabilidad.

Cuando y como me vea a mi misma temiendo reconocer que no estoy siedo eficaz en mis decisiones, paro y respiro. En cambio, veo cuál es la mejor forma de ser eficaz y cambio.
Me perdono a mi misma por aceptar y permitirme a mi misma tomar las decisiones con afán y queriendo correr, sin tener en cuenta el tiempo que necesita cada cosa, comprometiendo los resultados, en lugar de estar en cada respiro atenta sin seguir los pensamientos con los que tomo decisiones que no son lo mejor para mí ni para todos.

Me perdono a mi misma por aceptar y permitirme a mi misma moverme con la energía creada a partir de la preocupación, donde no me muevo con dirección propia sino siguiendo los pensamientos que crearon esa experiencia energética de preocupación.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma avergonzarme por hacer cosas desde el afán y la falta de paciencia, en lugar de revisar los eventos donde no me he dirigido y cambiar, viendo que la vergüenza es innecesaria.

Me perdono a mi misma por aceptar y permitirme a mi misma querer aparentar amabilidad frente a los demás, por haber creado una personalidad donde sonrío y observo a la otra persona, sus gestos, definiendo si le agrado o no según ideas preprogramadas, con lo cual no estoy atenta al momento y no estoy realmente escuchando la conversación, sino mis pensamientos, comprometiendo mi participación en el mundo.

Me perdono a mi misma por aceptar y permitirme a mi misma querer que mis gestos “combinen” con los de los demás, y así poder sentir una experiencia energética positiva, en lugar de expresarme como una e igual al momento como el respiro, sin esperar una experiencia energética, sino estando atenta a la realidad.

Me comprometo a mi misma a moverme como expresión de mi misma y no a partir de pensamientos.

Me comprometo a mi misma a detener la vergüenza, porque me doy cuenta de que es innecesaria y que así solo termino escondiéndome de los demás y de mí, y es una excusa para no tomar responsabilidad.

Me comprometo a mi misma a detener la acción de esconderme de los demás, porque entiendo que me estoy escondiendo de mí misma y de mis propias decisiones.

Me comprometo a mi misma a detener todas las personalidades que me desconcentran de la realidad.

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