martes, 17 de julio de 2012

Día 32. Relaciones y acuerdos. Orejas. Relación con mi cuerpo 2



Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma culpar mi cuerpo por las bromas pesadas de otros que recibí en el colegio.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma culpar mis orejas porque sean grandes, creyendo que si fueran pequeñas yo tendría una vida más fácil, dando mi poder a la mente y no viviendo como una e igual a mi cuerpo como a la vida.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma imaginarme a mi misma con orejas más pequeñas para no tener comentarios abusivos por parte de otros, cuando en realidad he sido yo quien he permitido sentir tristeza por tener orejas grandes, creando todo tipo de deseos y fantasías por tenerlas pequeñas, imaginándolas pequeñas y deseando que mágicamente se volvieran pequeñas, incluso acudiendo al cirujano plástico para que me las operara por querer tenerlas pequeñas por juzgarlas como grandes al ver que en el mundo poca gente las tiene grandes y las mías se veían muy grandes, sintiéndome inferior a los demás por sentirme diferente, creyendo que tengo que esconderme y cambiar mis orejas o no seré aceptada, creando más separación conmigo misma y no permitiéndome vivir aquí en cada respiro, sino estando preocupada con la mente por definiciones, percepciones, ideas, creencias, etc.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma deseos de cambiar mi cuerpo que existan dentro de mí y como yo.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma participar en la experiencia emocional de la tristeza en relación con mi cuerpo y la manera como se ve.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma querer ser otra persona con orejas pequeñas, y participar en la mente al imaginar cómo serían mis orejas si fueran pequeñas, creando imágenes de orejas pequeñas, por no aceptar mi cuerpo como es y por participar en los “ideales” de belleza que he permitido que existan convirtiéndose en un modelo a seguir y en una búsqueda interminable de una supuesta perfección, creada por la mente - la cual no considera lo físico.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma sentir tristeza porque me hayan dicho que mis orejas son grandes, en vez de ver que soy yo con mi mente poniéndole una connotación negativa al hecho de que mis orejas sean grandes.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma tomar como personal que me hayan dicho que tengo orejas grandes, y que lo hayan dicho para reírse, y yo participar en la mente y experimentar inferioridad y auto compasión, en vez de mantenerme aquí como el respiro y no aceptar nada menos que la vida.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma sentirme diferente debido a mis orejas.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma creer que debo ser tímida y vergonzosa debido a tener las orejas grandes, creyendo que tengo que mostrarme lo menos posible para que poca gente o nadie note que tengo las orejas grandes, y así limitarme a definiciones de la mente, definiéndome como vergonzosa, tímida, reservada, callada, silenciosa, penosa, apartada y auto rechazada.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma la vergüenza que exista dentro de mi y como yo.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma sentir vergüenza por tener las orejas grandes.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma la timidez que exista dentro de mí y como yo.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma rechazarme a mi misma y justificarlo con que mis orejas sean grandes.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma creer que si la gente ve que tengo las orejas grandes van a tener pensamientos de que son grandes, por tanto diferentes, por tanto me tratarán diferente y tendrán juicios hacia mí, y creer que para que eso no suceda, debo esconder mis orejas, debo hacer lo más que pueda para no mostrarme y debo suprimirme, para que así no haya juicios de otros hacia mí, por haber dado mi poder a la mente, a la mente de otros y no a la vida como a lo físico, así, escondiéndome de la vida, usando justificaciones para no estar aquí en cada respiro y usando la mente como escudo hacia los demás y hacia mí misma, donde no he visto que yo he sido quien he aceptado esos juicios hacia mí y desafiado la vida y deificado la mente, cuando no debería ser así, ya que al aceptarlo así estoy aniquilando la vida dentro y fuera de mí.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma dar todo mi poder a las percepciones y palabras de otros en relación a mi cuerpo.

Me perdono a mi misma por haber aceptado y permitido a mi misma pedirle a Dios que me hiciera las orejas más pequeñas, por creer que así terminaría el dolor y la tristeza que yo misma me estaba causando por juzgarme y juzgar mis orejas, deseando tener otro tipo de orejas de otro tamaño y de otra forma, por no ver la realidad sino por ver a través de los ojos de la mente, con juicios y separación, polaridades, definiciones, miedos, y vivir creyendo que tengo que ser diferente en vez de ver que estoy aquí en cada respiro, que me he permitido programarme como mente, pero que tengo la oportunidad en cada momento de caminar por lo que he creado corrigiéndome y entendiendo cómo lo creé, viendo que es inaceptable, porque nunca he tenido en cuenta la vida, y a pesar de que he podido ver que me estaba haciendo daño, continué con el daño en vez de deternerme y no aceptar nada menos que la vida.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma creer que por el hecho de tener orejas grandes todo lo que existe dentro de mí es tristeza y amargura.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma pensar y creer que si tuviera otro tipo de orejas más pequeñas y más pegadas a la cabeza, me iría mejor en la vida, tendría más opciones y oportunidades, más amigos y más relaciones, más dinero y más experiencias. Sin ver que esos deseos son mentales, programados a través de la televisión, las imágenes, las películas, las revistas, y que la mente no considera todo como uno e igual, sino unos pocos, y para que esos pocos puedan cumplir sus deseos, otros deben sufrir y pasarla mal, porque si no no existiría la polaridad de bueno /malo. Bonito / feo. Rico/ pobre. Feliz/ triste. Contento / deprimido. Aceptado / rechazado, etc. Y que yo al participar en la mente he aceptado que exista eso en mí y en el mundo, por aceptar la polaridad dentro de mí, y por verme como la manifestación de la polaridad negativa, queriendo subir y verme como la polaridad positiva suprimiendo la negativa, existiendo en polaridad y desigualdad todo el tiempo.


Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma querer un mejor cuerpo, calificando al mío como malo.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma experimentar decepción acerca de mi cuerpo, viéndome con decepción porque no es como yo desearía que fuera, porque si fuera como yo quisiera que fuera, creo que sería feliz, tendría más dinero y viviría bien, sin ver que todo esto es causado desde el primer momento de separación conmigo misma como con lo físico, con los demás, con mi cuerpo, y con la creación del sistema actual de dinero desigual, que crea miedo y deseo de sobrevivir.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma juzgar los cuerpos de las personas creyendo que así me sentiré mejor acerca de mi cuerpo.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma tensionar mi cuerpo/ a mi misma por no querer mostrar mi cuerpo como es, por tener juicios hacia mí / mi cuerpo, y querer esconderme por no querer que se vean mis orejas.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma separarme de la palabra ‘oreja’.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma creer que si tuviera las orejas pequeñas sería libre y tendría menos problemas, por no aceptar lo físico.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma creer que mis orejas son un punto que desata experiencias de decepción y frustración en mí.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma conectar el deseo de tener unas orejas pequeñas con el sentimiento de libertad.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma creer que tener orejas pequeñas es ser feliz y libre.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma ir hacia una experiencia emocional de depresión y tristeza cuando veo mis orejas al ver que son grandes y no como yo pienso que deberían ser.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma definirme como una imagen en mi mente.
Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma juzgar mis orejas, es decir una parte de mí, de mi cuerpo, de la que me he separado, sin ver que el cuerpo funciona como totalidad

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma juzgar mi cara como desequilibrada.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma criticar mi cara.
Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma temer el viento porque cuando pasa por mi cara me echa el pelo hacia atrás y deja ver mis orejas, con lo cual, me he permitido tener miedo del viento, por miedo de que se expongan mis orejas, en vez de ver que soy una e igual a mis orejas y al viento y disfrutar mi cuerpo como expresión de vida.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma temer que se vean mis orejas frente a otros porque cada vez que se me ven las orejas tengo una memoria en mi mente que me representa a mí como  mi cuerpo como mis orejas como yo las veo – feas.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma definir mis orejas como feas.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma definir mis orejas como desproporcionadas.

Me perdono a mi misma por aceptar y permitirme a mi misma participar en la imagen como memoria que viene a mi mente cuando se ven mis orejas y así perpetuando lo que he aceptado, como vergüenza, miedo, rechazo y juicios a mi misma como a mi cuerpo como a mis orejas.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma suprimirme a mi misma cuando la imagen como memoria viene a mi mente cuando se ven mis orejas, y permitir que esa imagen me dirija y guíe hasta el punto en que intento esconderme del público.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma tener resistencia a mi cuerpo físico humano debido a su forma por participar en comparación y en juicios.

Me perdono a mi misma por aceptarme y permitirme a mi misma querer ser mejor que otros y experimentar más y más de mí creyendo que así estaré satisfecha con mi cuerpo, por haberme aceptado ser adicta a la mente que siempre quiere más y más y más, y no estar aquí como el respiro como una e igual a la vida y a mi cuerpo.

Cuando y como me vea a mi misma yendo a la supresión y a esconderme y mi cuerpo y mis orejas, inmediatamente paro, respiro y dejo ir los juicios y no me permito suprimirme ni esconderme de otros ni de mí, sino en cambio, expandirme, emerger, y mostrarme y hacerme visible y permitirme expresarme y disfrutar de mí misma.

Me comprometo a mi misma a detener la participación en la imagen como memoria que viene a la mente de mi cuerpo y mis orejas, porque veo y entiendo que la imagen en mi mente de mi misma es formada a través de emociones y sentimientos, o sea, de miedo y deseo, gusto y disgusto acerca de mi cuerpo, o sea que es una imagen distorsionada porque es creada a través de relaciones de energía de emociones y sentimientos que tengo hacia mi cuerpo y partes de mi cuerpo, y por tanto no es de confianza, porque  no representa la realidad sino mis juicios.

Me comprometo a mi misma a tomar responsabilidad por mí misma y por mi creación, por todo lo que he permitido y aceptado que exista dentro y fuera de mí como la enorme separación que he creado, por medio de escribir y perdonarme a mí misma, corregirme y cambiar por lo mejor para todos, porque me doy cuenta de que esconderse usando la mente y justificarlo usando los juicios a lo físico, es lo que destruye la vida, y que los humanos siempre lo hemos hecho así y no hemos parado.

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